Ordesa en Otoño, la clásica circular
Aupa kuadrilla:
Un año más, me acerco a Ordesa en estas fechas otoñales para un doble disfrute: por un lado la caminata, ya que la vuelta por el Cañón y la Faja Pelay/Senda de los Cazadores es una ruta más que recomendable, y por otro el deleite fotográfico. Esta vez me llevo buena parte del equipo con trípode, varios objetivos, filtros y, sobre todo, ganas de fotografiar. La ruta es archiconocida pero seguro que a más de uno le resultarán novedosos algunos rincones. O quizás no, pero al menos espero que os guste el resultado.
Intento alargar el día todo lo posible y para las 7:30 ya estoy montado en el bus de Torla tras darme un buen madrugón y un viaje de 2 horas. Una primera parte más tranquila dará paso a un día que acabará siendo multitudinario, tal y como suponía para un 13 de octubre, festivo para mucha gente y con buen tiempo. No es algo que en Ordesa me moleste especialmente, sobre todo si uno cambia el chip y se prepara para lo que se va a encontrar. Al fin y al cabo, yo vengo a lo mío y cuando cojo la cámara me olvido del mundo.
Sin más rollos, vamos con las fotos para que veais cómo está el valle. Nos bajamos del autobús y la gente sale como una exhalación hacia Cola de Caballo en su gran mayoría. Yo me entretengo un poco en la Pradera, organizo mis cosas y me dedico a contemplar el entorno. Todo está en sombra, el día aún no ha amanecido del todo y la luz escasea. Hoy no hay coches, solo tres vacas que campan a sus anchas en este aparcamiento de gravilla. Saco el trípode, mi fiel compañero durante las próximas 5 horas y comienzo a disparar, hago algunas pruebas y decido cruzar el río para tomar el camino hacia Cola de Caballo, pero no el que ha tomado todo el mundo sino el del otro lado. Desde el puente esto es lo que veo si miro hacia el Tozal del Mallo.
Pronto dejo el desvío a la Senda de los Cazadores y continúo por un sendero acondicionado para discapacitados, así está indicado al menos. Pronto doy con rincones realmente bellos.
Miro al bosque y veo un poco de todo, desde algunos árboles con mucho color hasta otros a los que ya se les ha caído gran parte de la hoja. Este otoño no ha sido especialmente brillante, y creo que poco le falta para que se termine de pasar. Aún y todo, está bonito.
El sol comienza a iluminar de manera muy tenue los altos. Por ahí andaré 8 horas después.
Voy avanzando muy poco a poco, me paro con cualquier motivo, este es cuando menos curioso.
Más bosque, me está gustando esta parte del recorrido, hacía años que no venía por esta parte del cañón.
Hojita y musgo.
El Arazas lleva poca agua, aunque un poco más abajo filtra y desaparece por completo al par de la Pradera.
El camino es una gozada.
Sigo buscando colorido en la sombra, aunque me encuentro con lo mismo, algunos árboles bien y otros ya sin hoja.
El día ya ha amanecido por completo, pero en el Cañón la sombra se prolongará durante casi todo el día.
Tras dos horas llego a la altura de la cascada de Arripas, aunque no la llego a ver porque estoy justo encima de ella. Veo el camino al otro lado del río con bastante gente, algunos gritándose entre ellos como si estuvieran en un bar y, en general, con bastante ajetreo. Son ya casi las 10 de la mañana, ya han subido bastantes autobuses pero, por el momento, nadie viene por mi camino y sigo a lo mío. Esta zona es especialmente bella, voy descubriendo mil y un rincones a cada cual más hermoso.
Aprovecho la sombra y la escasez de luz como buenos aliados para hacer largas exposiciones y obtener, de este modo, el efecto seda en el agua. La ausencia de viento también me viene de maravilla.
Llevo tres cuartos de hora aquí y he avanzado 50 metros.
Por fin logro cruzar el puente.
Ya sí, la última y me voy de aquí en busca de más zonas. En el puente me encuentro con una pareja catalana, comentamos con alborozo nuestra soledad y me miran con cierta sorna ya que me han cogido una hora de ventaja. Aún tengo varios Gigas para gastar, así que nos despedimos.
Poco más adelante empalmo con el camino de la margen derecha y voy desviándome a todas las cascadas señalizadas. Esta, la del Estrecho, es quizás la que más me gusta, aunque con tan poca agua le falta un punto de violencia.
El escaso caudal, sin embargo, es una ventaja en estas fotos "sedosas", la imagen me resulta más sutil.
Cascada de la Cueva, la más otoñal de todas.
Nuevo desvío, esta vez estamos encima de la cascada del Estrecho, en una sucesión de pozas que terminan en el gran salto que habéis visto anteriormente.
Por fin el sol, a la altura del Bosque de las Hayas. Es un espejismo porque pronto entraré de nuevo en la sombra.
Llevo 4 horas con el trípode en la mano, así que por un rato más no me va a pasar nada. Bajo a otro recodo del río en el que me recreo otro buen rato.
Qué tranquilidad desprende el lugar, verdad?
Esta zona previa a las Gradas de Soaso es bellísima también.
Ya veo las Gradas, con su colorido entorno.
Tengo el tele puesto, así que opto por acotar el encuadre y buscar una imagen algo más original de las Gradas de Soaso.
Si miro hacia atrás, me encuentro con esto.
Definitivamente dejo atrás las Gradas y, con ello, salgo al sol. Es la 1 del mediodía, llevo 5 horas y aún me queda mucho por recorrer y fotografiar. Tengo que darme cierta prisa para avanzar pero este charquito me lo impide. Además, una graciosilla se lava las manos en el agua y me fastidia el reflejo, por lo que tengo que esperar otros minutos más hasta que el agua se calme por completo. Me repito a mí mismo, "es lo que hay", "has venido a esto", etc. Calma.
Sin llegar a Cola de Caballo, tomo el desvío hacia la Faja Pelay y desde allí contemplo la cascada, hoy más triste que nunca sin apenas agua.
Conforme gano altura voy apreciando con mejor perspectiva los grandes picos del lugar, en este caso el Cilindro.
Me fijo nuevamente en el valle, es la zona previa a las Gradas.
Monte Perdido.
Dejo ya atrás los colosos y van apareciendo picos ajenos a Ordesa como la zona de Tendenera.
Aquí arriba también hay signos evidentes del otoño.
Las Gradas de Soaso en la lejanía.
Tozal del Mallo y el Gallinero.
Una de las pocas zonas iluminadas con algo de color.
Naturaleza muerta.
El Casco y la Brecha. Esto se va acabando, me queda poco para llegar al Mirador de Calcilarruego.
La Brecha y el Bazillac.
Efectivamente, ahí está el mirador.
Tengo que bajar ahí, son las 4 y quiero hacerlo antes de que llegue demasiada gente. Llevo 9 horas en danza y no me apetece hacer colas
A todo esto, hace un rato me he vuelto a encontrar con la pareja catalana del puente de la cascada de Arripas, se han animado a completar la circular y es una grata sorpresa caminar juntos de nuevo 8 horas y varios Gigas después. Un último vistazo al Cañón desde el Mirador.
La zona del Tozal.
Y una última foto que me gusta hacer e ir mejorando. A partir de aquí, una empinada bajada en la que me despido definitivamente de los catalanes, pensando que ya somos los últimos en este descenso. Sin embargo, poco después me encuentro a una pareja que me pide agua ya que ella se ha caído por un terraplén de unos 4 metros y se encuentra algo aturdida. Ha debido de dar una vuelta de campana incluso, y en la caída ha arrastrado a su pareja y éste ha terminado con un diente roto. Ella tiene una brecha superficial en la frente pero parece que no hay ningún hueso roto. Ambos beben de mi agua ya que se les ha terminado y emprenden la marcha con cierta desconfianza pero aparentemente sanos. Lo cierto es que este descenso es fácil pero siempre teniendo en cuenta que es un terreno de alta montaña, muy vertical y en el que hay que llevar buen calzado y costumbre de andar en lugares similares. Nada tiene que ver la Senda de los Cazadores con el camino del fondo del valle, aunque ambos sean parte de la misma ruta.
En fin, divagando y reflexionando sobre todo lo acontecido durante el día, que ha sido mucho, bajo sin darme cuenta a la Pradera, me monto en la última plaza del bus que acaba de llegar y en un pispas me planto en Torla, satisfecho por haber exprimido la cámara pero quizás con una espinita clavada porque no he dado con el otoño en su plenitud. Seguramente este año no se pueda hacer más, ya veremos cómo se plantea en próximas ocasiones. Espero que os sirva por si tenéis pensado acercaros por allí.
Arthurlee
Un año más, me acerco a Ordesa en estas fechas otoñales para un doble disfrute: por un lado la caminata, ya que la vuelta por el Cañón y la Faja Pelay/Senda de los Cazadores es una ruta más que recomendable, y por otro el deleite fotográfico. Esta vez me llevo buena parte del equipo con trípode, varios objetivos, filtros y, sobre todo, ganas de fotografiar. La ruta es archiconocida pero seguro que a más de uno le resultarán novedosos algunos rincones. O quizás no, pero al menos espero que os guste el resultado.
Intento alargar el día todo lo posible y para las 7:30 ya estoy montado en el bus de Torla tras darme un buen madrugón y un viaje de 2 horas. Una primera parte más tranquila dará paso a un día que acabará siendo multitudinario, tal y como suponía para un 13 de octubre, festivo para mucha gente y con buen tiempo. No es algo que en Ordesa me moleste especialmente, sobre todo si uno cambia el chip y se prepara para lo que se va a encontrar. Al fin y al cabo, yo vengo a lo mío y cuando cojo la cámara me olvido del mundo.
Sin más rollos, vamos con las fotos para que veais cómo está el valle. Nos bajamos del autobús y la gente sale como una exhalación hacia Cola de Caballo en su gran mayoría. Yo me entretengo un poco en la Pradera, organizo mis cosas y me dedico a contemplar el entorno. Todo está en sombra, el día aún no ha amanecido del todo y la luz escasea. Hoy no hay coches, solo tres vacas que campan a sus anchas en este aparcamiento de gravilla. Saco el trípode, mi fiel compañero durante las próximas 5 horas y comienzo a disparar, hago algunas pruebas y decido cruzar el río para tomar el camino hacia Cola de Caballo, pero no el que ha tomado todo el mundo sino el del otro lado. Desde el puente esto es lo que veo si miro hacia el Tozal del Mallo.
Pronto dejo el desvío a la Senda de los Cazadores y continúo por un sendero acondicionado para discapacitados, así está indicado al menos. Pronto doy con rincones realmente bellos.
Miro al bosque y veo un poco de todo, desde algunos árboles con mucho color hasta otros a los que ya se les ha caído gran parte de la hoja. Este otoño no ha sido especialmente brillante, y creo que poco le falta para que se termine de pasar. Aún y todo, está bonito.
El sol comienza a iluminar de manera muy tenue los altos. Por ahí andaré 8 horas después.
Voy avanzando muy poco a poco, me paro con cualquier motivo, este es cuando menos curioso.
Más bosque, me está gustando esta parte del recorrido, hacía años que no venía por esta parte del cañón.
Hojita y musgo.
El Arazas lleva poca agua, aunque un poco más abajo filtra y desaparece por completo al par de la Pradera.
El camino es una gozada.
Sigo buscando colorido en la sombra, aunque me encuentro con lo mismo, algunos árboles bien y otros ya sin hoja.
El día ya ha amanecido por completo, pero en el Cañón la sombra se prolongará durante casi todo el día.
Tras dos horas llego a la altura de la cascada de Arripas, aunque no la llego a ver porque estoy justo encima de ella. Veo el camino al otro lado del río con bastante gente, algunos gritándose entre ellos como si estuvieran en un bar y, en general, con bastante ajetreo. Son ya casi las 10 de la mañana, ya han subido bastantes autobuses pero, por el momento, nadie viene por mi camino y sigo a lo mío. Esta zona es especialmente bella, voy descubriendo mil y un rincones a cada cual más hermoso.
Aprovecho la sombra y la escasez de luz como buenos aliados para hacer largas exposiciones y obtener, de este modo, el efecto seda en el agua. La ausencia de viento también me viene de maravilla.
Llevo tres cuartos de hora aquí y he avanzado 50 metros.
Por fin logro cruzar el puente.
Ya sí, la última y me voy de aquí en busca de más zonas. En el puente me encuentro con una pareja catalana, comentamos con alborozo nuestra soledad y me miran con cierta sorna ya que me han cogido una hora de ventaja. Aún tengo varios Gigas para gastar, así que nos despedimos.
Poco más adelante empalmo con el camino de la margen derecha y voy desviándome a todas las cascadas señalizadas. Esta, la del Estrecho, es quizás la que más me gusta, aunque con tan poca agua le falta un punto de violencia.
El escaso caudal, sin embargo, es una ventaja en estas fotos "sedosas", la imagen me resulta más sutil.
Cascada de la Cueva, la más otoñal de todas.
Nuevo desvío, esta vez estamos encima de la cascada del Estrecho, en una sucesión de pozas que terminan en el gran salto que habéis visto anteriormente.
Por fin el sol, a la altura del Bosque de las Hayas. Es un espejismo porque pronto entraré de nuevo en la sombra.
Llevo 4 horas con el trípode en la mano, así que por un rato más no me va a pasar nada. Bajo a otro recodo del río en el que me recreo otro buen rato.
Qué tranquilidad desprende el lugar, verdad?
Esta zona previa a las Gradas de Soaso es bellísima también.
Ya veo las Gradas, con su colorido entorno.
Tengo el tele puesto, así que opto por acotar el encuadre y buscar una imagen algo más original de las Gradas de Soaso.
Si miro hacia atrás, me encuentro con esto.
Definitivamente dejo atrás las Gradas y, con ello, salgo al sol. Es la 1 del mediodía, llevo 5 horas y aún me queda mucho por recorrer y fotografiar. Tengo que darme cierta prisa para avanzar pero este charquito me lo impide. Además, una graciosilla se lava las manos en el agua y me fastidia el reflejo, por lo que tengo que esperar otros minutos más hasta que el agua se calme por completo. Me repito a mí mismo, "es lo que hay", "has venido a esto", etc. Calma.
Sin llegar a Cola de Caballo, tomo el desvío hacia la Faja Pelay y desde allí contemplo la cascada, hoy más triste que nunca sin apenas agua.
Conforme gano altura voy apreciando con mejor perspectiva los grandes picos del lugar, en este caso el Cilindro.
Me fijo nuevamente en el valle, es la zona previa a las Gradas.
Monte Perdido.
Dejo ya atrás los colosos y van apareciendo picos ajenos a Ordesa como la zona de Tendenera.
Aquí arriba también hay signos evidentes del otoño.
Las Gradas de Soaso en la lejanía.
Tozal del Mallo y el Gallinero.
Una de las pocas zonas iluminadas con algo de color.
Naturaleza muerta.
El Casco y la Brecha. Esto se va acabando, me queda poco para llegar al Mirador de Calcilarruego.
La Brecha y el Bazillac.
Efectivamente, ahí está el mirador.
Tengo que bajar ahí, son las 4 y quiero hacerlo antes de que llegue demasiada gente. Llevo 9 horas en danza y no me apetece hacer colas
A todo esto, hace un rato me he vuelto a encontrar con la pareja catalana del puente de la cascada de Arripas, se han animado a completar la circular y es una grata sorpresa caminar juntos de nuevo 8 horas y varios Gigas después. Un último vistazo al Cañón desde el Mirador.
La zona del Tozal.
Y una última foto que me gusta hacer e ir mejorando. A partir de aquí, una empinada bajada en la que me despido definitivamente de los catalanes, pensando que ya somos los últimos en este descenso. Sin embargo, poco después me encuentro a una pareja que me pide agua ya que ella se ha caído por un terraplén de unos 4 metros y se encuentra algo aturdida. Ha debido de dar una vuelta de campana incluso, y en la caída ha arrastrado a su pareja y éste ha terminado con un diente roto. Ella tiene una brecha superficial en la frente pero parece que no hay ningún hueso roto. Ambos beben de mi agua ya que se les ha terminado y emprenden la marcha con cierta desconfianza pero aparentemente sanos. Lo cierto es que este descenso es fácil pero siempre teniendo en cuenta que es un terreno de alta montaña, muy vertical y en el que hay que llevar buen calzado y costumbre de andar en lugares similares. Nada tiene que ver la Senda de los Cazadores con el camino del fondo del valle, aunque ambos sean parte de la misma ruta.
En fin, divagando y reflexionando sobre todo lo acontecido durante el día, que ha sido mucho, bajo sin darme cuenta a la Pradera, me monto en la última plaza del bus que acaba de llegar y en un pispas me planto en Torla, satisfecho por haber exprimido la cámara pero quizás con una espinita clavada porque no he dado con el otoño en su plenitud. Seguramente este año no se pueda hacer más, ya veremos cómo se plantea en próximas ocasiones. Espero que os sirva por si tenéis pensado acercaros por allí.
Arthurlee

















































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